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Tuesday, May 17, 2005

Otto René Castillo

Vamos patria, a caminar

1.
Nuestra voz. 2. Vamos patria a caminar. 3. Distante de tu rostro.

1  Para que los pasos no me lloren, para que las palabras no me sangren: canto. Para tu rostro fronterizo del alma que me ha nacido entre las manos: canto. Para decir que me has crecido clara en los huesos más amargos de la voz: canto. Para que nadie diga:¡tierra mía! con toda la decisión de la nostalgia: canto. Por lo que no debe morir, tu pueblo: canto. Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte: tú, interrogación de frutas y mariposas silvestres, no perderás el paso en los andamios de mi grito, porque hay un maya alfarero en tu corazón que bajo el mar, adentro de la estrella humeando en las raíces, palpitando mundo, enreda tu nombre en tus palabras. Canto tu nombre, alegre como un violín de surcos, porque viene al encuentro de mi dolor humano Me busca del abrazo del mar hasta el abrazo del viento para ordenarme que no tolere el crepúsculo en mi boca Me acompaña emocionado el sacrificio de ser hombre, para que nunca baje al lugar donde nació la traición del vil que ató tu corazón a la tiniebla, negándote.

2 Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.

Yo bajaré los abismos que me digas. Yo beberé tus cálices amargos. Yo quedaré sin voz para que tú cantes. Yo he de morir para que tú no mueras. Para que emerja tu rostro flameando al horizonte de cada flor que nazca de mis huesos. Tiene que ser así, indiscutiblemente.

Yo me cansé de llevar tus lágrimas conmigo. Ahora quiero caminar contigo, relampagueante. Acompañarte en tu jornada, porque soy un hombre del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo. Ay, patria, a los coroneles que orinan tus muros tenemos que arrancarlos de raíces, colgarlos en un árbol de rocío agudo, violento de cóleras del pueblo. Por ello pido que caminemos juntos. Siempre con los campesinos agrarios y los obreros sindicales, con el que tenga un corazón para quererte. Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.

3 Pequeña patria mía, dulce tormenta, un litoral de amor elevan mis pupilas y la garganta se me llena de silvestre alegría cuando digo patria, obrero, golondrina. Es que tengo mil años de amanecer agonizando y acostarme cadáver sobre tu nombre intenso, flotante sobre todos los alientos libertarios, Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina.

Ay, Guatemala, cuando digo tu nombre retorno a la vida. Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa. Subo las letras del alfabeto hasta la A que desemboca al viento llena de alegría y vuelvo a contemplarte como eres, una raíz creciendo hacia la luz humana con toda la presión del pueblo en las espaldas. ¡Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados! ¡Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte!

¿Por que nacieron hijos tan viles de madre cariñosa?

Así es la vida de los pueblos, amarga y dulce, pero su lucha lo resuelve todo humanamente. Por ello patria, van a nacerte madrugadas, cuando el hombre revise luminosamente su pasado. Por ellos patria, cuando digo tu nombre se rebela mi grito y el viento se escapa de ser viento. Los ríos se salen de su curso meditado y vienen en manifestación para abrazarte. Los mares conjugan en sus olas y horizontes tu nombre herido de palabras azules, limpio, para lavarte hasta el grito acantilado del pueblo, donde nadan los peces con aletas de auroras.

La lucha del hombre te redime en la vida.

Patria, pequeña, hombre y tierra y libertad cargando la esperanza por los caminos del alba. Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento. La que marcha con un niño de maíz entre los brazos. La que inventa huracanes de amor y cerezales y se da redonda sobre la faz del mundo para que todos amen un poco de su nombre: un pedazo brutal de sus montañas o la heroica mano de sus hijos guerrilleros. Pequeña patria, dulce tormento mía, canto ubicado en mi garganta desde los siglos del maíz rebelde: tengo mil años de llevar tu nombre como un pequeño corazón futuro cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana.

Sunday, January 30, 2005

Dulce Chacón

 La construcción de un sueño


Siempre hay tiempo para un sueño.

Siempre es tiempo de dejarse llevar por una 
pasión que nos arrastre hacia el deseo.

Siempre es posible encontrar la fuerza
necesaria para alzar el vuelo y dirigirse hacia
lo alto.

Y es allí, y solo allí, en la altura, donde
podemos desplegar nuestras alas en toda su
extensión.

Solo allí, en lo más alto de nosotros mismos,
en lo más profundo de nuestras inquietudes,
podremos separar los brazos, y volar.

...ella ha iniciado ya ese vuelo.

Tuesday, January 18, 2005